El software casi nunca es el que falla

La mayoría de las implementaciones de software que fracasan en una pyme no fracasan por el software. Fracasan por todo lo que lo rodea: la falta de un responsable, la ausencia de capacitación, un proceso que nadie definió y la costumbre de seguir trabajando como antes. La herramienta funciona; lo que no funciona es la adopción.

Casi cualquier dueño de pyme ha vivido esto: se paga una licencia anual, el sistema se usa con entusiasmo el primer mes, y para el tercero el equipo volvió al Excel “porque es más rápido”. No fue mala la compra; fue mala la implementación. Y casi siempre por las mismas razones.

Las razones que se repiten

Nadie es dueño del sistema

Cuando la herramienta es responsabilidad de todos, no es de nadie. Sin una persona que la configure, resuelva dudas y empuje su uso, el sistema queda a la deriva y cada quien decide si lo usa o no. El responsable no tiene que ser experto en tecnología; tiene que ser alguien del negocio que se asegure de que la herramienta se use.

Se automatizó un proceso que no estaba listo

Automatizar un proceso roto no lo arregla; lo rompe más rápido. Si se implementa un sistema sobre un proceso confuso, el sistema hereda la confusión. El orden va antes que la herramienta, no después.

El equipo no estaba preparado

Una herramienta nueva sin capacitación real es una herramienta que no se usa. Como vimos en por qué automatizar sin un equipo preparado no funciona, la tecnología no reemplaza el entendimiento: si el equipo no sabe por qué y cómo usarla, vuelve a lo conocido en cuanto hay presión.

Se intentó todo a la vez

Querer digitalizar toda la operación de golpe es una receta para el abandono. Un proyecto enorme abruma al equipo, se alarga, y cuando los primeros problemas aparecen ya nadie tiene energía para sostenerlo. Las implementaciones que pegan empiezan por un proceso, lo estabilizan, y de ahí avanzan.

Se forzó el negocio a la herramienta

Cuando el sistema obliga a trabajar de una forma que no tiene sentido para el negocio, el equipo lo evade. Obligar a capturar quince campos para registrar algo que antes tomaba diez segundos es garantía de que nadie lo haga. La resistencia no siempre es terquedad; a veces es que la herramienta de verdad estorba.

La adopción es un problema de comunicación, no de tecnología

Buena parte de lo que falla en una implementación es que nunca se explicó bien: para qué sirve, qué reemplaza, qué gana cada quien. Como en tantos casos, la comunicación interna es un problema operativo: si el porqué del cambio no llega con claridad, el equipo cumple a medias o no cumple. Implementar no es instalar; es acompañar.

Cómo hacer que sí funcione

Una implementación tiene más probabilidades de pegar cuando:

  • Hay un responsable con nombre dentro del negocio, no solo del proveedor.
  • El proceso se ordenó antes de automatizarlo.
  • Se eligió una herramienta que de verdad se adapta al proceso, no al revés.
  • El equipo se capacitó de verdad, no con un instructivo enviado por correo.
  • Se empezó por un módulo o proceso, no por todo a la vez.
  • Alguien da seguimiento las primeras semanas, cuando es más fácil recaer.

Ninguna de esas cosas es técnica. Todas son de operación y de personas, que es justo donde se gana o se pierde la implementación.


El software rara vez es lo que falla. Lo que falla es la adopción.
Implementar no es instalar una herramienta: es acompañar a las personas que van a usarla.

Si quieres implementar un sistema sin que termine abandonado, podemos ayudarte a hacerlo con responsables, acompañamiento y foco en tu operación.

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Miguel Rebeles

Ingeniero en Tecnologías de la Información y Comunicación egresado de la Universidad Tecnológica de Querétaro. Experiencia en gestión de redes sociales, desarrollo de páginas web y soporte técnico. Apasionado por el deporte.

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