proceso documentado

De proceso documentado a proceso automatizado hay un paso. Pero ese paso tiene un requisito que muchas pymes saltan: el proceso tiene que existir con claridad antes de que cualquier herramienta lo ejecute.

Automatizar un proceso que no está bien definido no lo mejora. Lo reproduce con más velocidad y menos posibilidad de corregirlo a mano. Si el proceso tenía errores, la automatización los vuelve sistemáticos. Si dependía de decisiones informales, la herramienta no sabrá qué hacer cuando esas decisiones no estén.

Este artículo es sobre ese puente: qué hace falta para que un proceso esté listo para automatizarse, y cómo saber cuándo es el momento de dar ese paso.

Por qué documentar no es suficiente

Documentar un proceso es necesario, pero no garantiza que esté listo para automatizarse. Un proceso documentado describe cómo se hace algo. Un proceso listo para automatizarse también define qué pasa cuando algo sale diferente de lo esperado.

La diferencia importa porque una persona puede improvisar ante una excepción. Un sistema automatizado no puede. Si el proceso no contempla las variantes reales de la operación, la automatización fallará exactamente en los casos más importantes: los que se salen de lo común.

Lo que falta en la mayoría de los procesos documentados

En muchas pymes, la documentación existe como descripción general: “así se hace una cotización”, “así se da seguimiento a un cliente”. Pero esa descripción rara vez incluye lo que ocurre cuando el cliente no responde, cuando el precio cambia, cuando hay una excepción en el pedido o cuando la persona responsable no está disponible.

Esos casos no son excepcionales. Son parte del flujo real. Y si no están contemplados en el proceso, la automatización dejará huecos que alguien tendrá que resolver manualmente, que es exactamente lo que se quería evitar.

Un proceso está listo para automatizarse cuando puede ejecutarse correctamente sin que nadie tenga que interpretar qué hacer a continuación.

El camino entre documentar y automatizar

No es un salto. Es una progresión con etapas claras. Saltarse alguna genera los problemas que hacen que muchas automatizaciones fallen en pymes que sí tenían buena intención al implementarlas.

1. Describir el proceso como ocurre hoy

No como debería ocurrir. Como ocurre en la realidad, con sus atajos, sus variaciones y sus dependencias de personas específicas. Esa es la materia prima real.

2. Identificar los puntos de decisión

Cada momento en que alguien tiene que decidir qué hacer según lo que acaba de ocurrir. Esos son los puntos que una automatización necesita tener resueltos de antemano.

3. Estandarizar antes de automatizar

Eliminar las variaciones innecesarias. Si el proceso se hace de tres formas distintas dependiendo de quién lo ejecuta, primero hay que acordar una sola forma. Automatizar tres versiones del mismo proceso multiplica el problema.

4. Probar el proceso a mano con la nueva definición

Antes de configurar cualquier herramienta, ejecutar el proceso como quedó definido. Si funciona bien de forma manual y consistente, está listo para automatizarse. Si no, la herramienta no lo va a arreglar.

5. Automatizar lo que ya funciona

Solo en este punto tiene sentido elegir una herramienta y configurarla. La tecnología ejecuta el proceso, no lo diseña. Cuanto más claro y probado esté el proceso, más sencilla y efectiva será la automatización.

Cuándo un proceso no está listo todavía

Hay señales que indican que es pronto para automatizar. Si el proceso cambia con frecuencia porque el negocio todavía está definiendo cómo opera, automatizarlo fija una versión que pronto quedará obsoleta. Si depende de criterios subjetivos que varían según la persona, primero hay que acordar esos criterios. Si nadie puede explicar el proceso completo de principio a fin sin dudar, todavía no está lo suficientemente claro.

En esos casos, el trabajo previo no es elegir herramienta. Es terminar de definir el proceso.

La automatización como consecuencia, no como punto de partida

Cuando una pyme llega a automatizar un proceso porque ya lo tiene claro, documentado, probado y estandarizado, la implementación es notablemente más sencilla. La herramienta hace exactamente lo que se le pide porque lo que se le pide está bien definido.

El resultado no es solo que el proceso funcione de forma automática. Es que funciona de forma predecible, sin depender de que alguien recuerde cómo se hace, sin errores por interpretación y sin necesidad de intervención constante.

Eso es lo que hace útil a una automatización: no que sea sofisticada, sino que resuelva con consistencia algo que antes dependía de esfuerzo manual.

Miguel Rebeles

Ingeniero en Tecnologías de la Información y Comunicación egresado de la Universidad Tecnológica de Querétaro. Experiencia en gestión de redes sociales, desarrollo de páginas web y soporte técnico. Apasionado por el deporte.

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